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SHERLOCK HOLMES

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27 Diciembre 2006

conociendo el otro lado de estados unidos

En este segundo capítulo trataremos el salto definitivo a la escena internacional de los EE.UU. en el siglo XX, su entrada al imperialismo. Se estrenaron con Cuba en 1898 y siguieron con Panamá y su canal interoceánico en los primeros años del siglo XX. McKinley y Roosevelt respectivamente presidieron la Casa Blanca en ambos conflictos, manejado la situación como si de su jardín particular se tratara.

Cuba: “Una guerrita espléndida”*
* (1898, John Hay, secretario de Estado americano)

El siglo XIX daba sus últimos coletazos y en los Estados Unidos se hablaba de excedentes, de necesidades, de crecimientos económicos, de puertas abiertas…
En 1898 el 90% de los productos americanos se vendían dentro de sus fronteras y tan sólo el 10% restante se vendía en el extranjero, una de esas exportaciones y en esas fechas la más importante era el algodón, seguida muy de cerca por el petróleo, o lo que es lo mismo: la Estándar Oil, o lo que es lo mismo, la familia Rockefeller. El presidente William McKinley (1896 - 1904) veía la necesidad de buscar un mercado extranjero para los excedentes, de la misma forma que veía como las grandes naciones absorbían rápidamente para su futura expansión y su actual defensa todos los lugares baldíos del mundo, así pues las exportaciones se convirtieron en un estímulo del desarrollo económico norteamericano, así como la búsqueda de poder, prestigio, grandeza y reconocimiento de otras naciones inmersas en la carrera imperialista que terminaría en la Iª Guerra Mundial.

Cuba, a 90 millas de su territorio levaba años en un conflicto independentista. España luchaba contra los mambises, los militares independentistas cubanos, y los estadounidenses veían en la historia cubana un reflejo de la suya propia: una guerra de liberación frente a una metrópoli opresora por lo que el clima en los EE.UU. era favorable a la intervención. El reconocer como beligerantes a los rebeldes independentistas cubanos supondría el otorgamiento de un estatus legal que condicionaría la intervención al envío de ayuda pero no del ejército. Mckinley nunca reconoció tal estatus, ni tan siquiera cuando pidió permiso al congreso para comenzar la guerra. Los Estados Unidos querían asegurar su influencia militar y económica en la isla y veían en la guerra el único agente capaz de mantenerlo . La oposición interna antiimperialista criticaba duramente al gobierno, entre ellos el ya citado William James y los agrupados en la liga antiimperialista. Los socialistas se solidarizaban con los rebeldes al igual que los sindicatos, pero se oponían al “espíritu beligerante” del que hacía gala el ministerio del ejército. Tales presiones hicieron que en abril de 1898 se aprobara la enmienda Teller por la que los EE.UU. reconocían y aseguraban la libertad de Cuba y la no anexión de su territorio.

La voladura del acorazado Maine puso a engrasar la maquinaria de guerra. Los medios de comunicación hicieron una gran presión a favor de la intervención militar provocando un clamor nacional, a la cabeza Randolph Hearst, más conocido como ciudadano Kane. Las protestas de antiimperialistas seguían, los sindicatos organizaban manifestaciones y mostraban su total desacuerdo tanto a la manipulación mediática: nadie se hacía eco de las muertes en accidentes industriales o de la huelga de 1897 en Pennsylvania cuando un sheriff y sus ayudantes dispararon a una manifestación de mineros por la espalda como a la guerra de Cuba: Si hay una guerra, vosotros proveeréis los cadáveres y los impuestos, y otros cosecharán la gloria.

La guerra se ganó en tres meses y comenzó la ocupación militar de Cuba. Se hicieron con los ferrocarriles, las minas, el azúcar. La “United Fruit Company” y la “American Tobaco” se hicieron con las tierras y con las exportaciones mientras que en todo el territorio cubano se organizaban huelgas y movilizaciones en contra de la ocupación y reclamando la jornada de ocho horas que sufrieron la represión y la persecución de los principales líderes. La oposición estadounidense estaba agrupada en la Liga Antiimperialista conformada por empresarios, obreros, sindicatos, políticos e intelectuales que organizaban actos de protesta en contra de la política exterior de su gobierno y campañas de educación sobre los horrores de la guerra y los males del imperialismo.

La isla no se anexionó pero en 1901 se aprobó la “Enmienda Platt”. Esta ley del congreso de los EE.UU. impuesta como un apéndice a la joven constitución cubana era la principal condición para el abandono militar de la isla. En sus artículos prohibían al gobierno cubano firmar tratados y convenios con gobiernos extranjeros que llevaran a la cesión de parte de su territorio o que menoscabaran su independencia. Prohibían contraer deudas por encima de su capacidad de abandonar los intereses y amortización de las mismas y entre otras prohibiciones, los EE.UU. se reservaban el derecho a intervenir militarmente siempre que se vieran amenazados sus intereses o como ellos declaraban; la vida, la propiedad o las libertades individuales . Hasta 1959 los gobiernos se caracterizarían por la obediencia de los dictados de Washington, por la violencia política y el gasterismo o pistolerismo como forma de resolución de problemas y oposiciones políticas. Cuba se convertiría en el casino particular de la mafia estadounidense, paraíso de la corrupción, la discriminación y de la represión.

Panamá: “I took the canal”*
*(1906, Theodore Roosevelt)

Cuando los EE.UU. saltaron a la escena política del siglo XX lo hicieron con la firme convicción de su papel y su destino como salvador del mundo pero su temor ante las intervenciones europeas seguían vigentes de la misma manera que en el anterior siglo. Las constantes revueltas en países de Centro y Sudamérica hacían temer actuaciones europeas. Las deudas contraidas por estas naciones con inversores europeos no son satisfechas y en 1902 Venezuela es bloqueada por Inglaterra, Alemania e Italia, la República Dominicana tampoco hace frente a sus deudas y sus inversores piden la mediación de los EE.UU.

Tras la “conquista” de Cuba se ve la necesidad establecer una ruta comercial que abaratara y facilitara las transacciones comerciales. Un canal interoceánico en Centroamérica no era una idea nueva. Los ingleses ya lo intentaron en Nicaragua (por la navegabilidad de sus ríos y lagos) y los filibusteros que invadieron este país ya aprovecharon la ruta que ofrecía para establecer una vía de comunicación entre el este de los EE.UU. con una California febril de oro. Existía la duda de qué país era el que reunía las mejores condiciones para realizar tan gigantesca infraestructura: Nicaragua o la región de Panamá en Colombia. Se propone la construcción de este ambicioso proyecto a Colombia pero la rechaza con el consiguiente enfado del presidente Roosevelt: No debe permitirse a los degolladores y chantajistas de Bogotá que se opongan permanentemente a uno de los futuros caminos de la civilización.

La burguesía panameña es animada a la revolución. Los EE.UU. quieren hacer el canal con o sin el consentimiento de Bogotá así que cuando en 1903 se da una revuelta por sectores panameños reacios al control colombiano, en diez días Roosevelt les apoya y magnifica su causa. Se tramita la independencia de este estrecho país y rápidamente se firman los acuerdos que el gobierno colombiano no quiso rubricar. Poco después Colombia recibiría veinticinco millones de dólares: era el precio de un país, nacido para que los EE.UU. dispusieran de una vía de comunicación entre ambos océanos. Como hicieran en Cuba con la enmienda Platt se firma la constitución con un tratado con el que se adquiere el dominio a perpetuidad sobre una franja de dieciséis kilómetros de ancho y el “derecho” a intervenir en los asuntos internos panameños. Este joven país paga su independencia con parte de su territorio, sus gobiernos siempre de mayoría blanca en un país de mayoría negra mulata y mestiza estarían sometidos a constantes injerencias, sujetos a los dictados de Washington y ligados al capital extranjero.

Los EE.UU. de T.Roosevelt se convierten en una policía internacional que actuaba como recaudador de la deuda internacional ejerciendo así un control financiero sobre las naciones deudoras. Su sucesor, William H. Taft (1908 - 1912) varía la estrategia y presiona a las repúblicas caribeñas a reemplazar el capital europeo por el estadounidense disminuyendo así el riesgo de intervención y los beneficios que antes recaudaban las naciones europeas ahora terminarían en las cajas fuertes de los banqueros americanos, estrategia a la que se le denominó “diplomacia del dólar”; los países deudores habían cambiado de verdugo pero no de futuro. Ahora los EE.UU. cuando veían que las revueltas en alguno de sus territorios estaban causando demasiadas molestias a sus socios oligarcas del gobierno, intervenían militarmente para que los cauces de la deuda con ellos contratada ni peligrara ni variara de caudal o de curso, como sucedería en Nicaragua o en la República Dominicana.

Woodrow Wilson (1912 - 1921) fue el primer presidente demócrata del siglo XX pero sigue cerca de las teorías expansionistas de Mahan y Roosevelt aunque desde una visión en donde los principios políticos están condicionados por sus creencias presbiterianas . Mano dura y más idealismo, con la misma concepción de la democracia y de los EE.UU. que los padres fundadores y bajo un celo misionero de salvar a los demás de la pobreza y de los dictadores expandiendo la democracia y sus valores y supo unir y transmitir la defensa del interés nacional con la esperanza idealista: hemos venido al mundo para redimir al mundo dándole libertad.

Wilson recibió el Novel de la paz en 1919 y fue uno de los presidentes con mayor número de intervenciones en América Latina. Creía que si se dejaba en libertad a los pueblos abandonarían los vicios políticos clásicos y abrazarían la referencia ideal de democracia, es decir, la estadounidense. Esta era una “alta misión” en la que no se debían de escatimar esfuerzos ya que así se llegaría a la paz y a la razón . Se actuaría de forma paternalista para salvar a los demás de la pobreza y de las dictaduras, pero se mantienen marines en territorios ajenos se controlan sus finanzas y si la situación lo requiere se toman medidas más “drásticas”. Como sucedió en Haití y en República Dominicana cuando tras una revolución se toma el control del país y se somete a la isla a un protectorado, muchos beneficios materiales pero nada de estabilidad.

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